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NTS PRESENTA

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FICCIÓN BASADA EN PROYECTOS REALES 20 MINUTOS DE LECTURA

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Llamada al móvil de Sofía. “No los abras, no los abras. No abras los ojos”, se dice a sí misma. Los abre. FaceTime de Alex. Sofía duda, “¿qué hago? ¿cojo?”

- Venga, voy a coger, pero... -dice una parte de ella.

- Ni se te ocurra -sale al paso la otra.

- Pero, ¿y si es algo importante? -se pregunta su yo comprensivo.

- Será un “ola k ase” intrascendente, es domingo, el día del aburrimiento -replica su yo descreído.

- Hala, cojo. Pero más le vale que sea cuestión de vida o muerte, real y verificable -decide la parte de su ser encargada de la empatía.

- Ni con esas contestaría yo -protesta la parte del cinismo- de verdad, no es el momento.

Al final Sofía descuelga. El gesto de Alex no da pie a malentendidos. Algo le preocupa. Su cara lo anuncia como un cartel luminoso con letras de neón bien grandes, tipo bold. En el edificio de las preocupaciones, lo que le pasa a Alex ocuparía un dúplex con terraza.

Bien. Primero. ¿Quién es Alex?

Es más joven que ella. De estatura similar, quizá un poco más. Con un grado de Ingeniería Informática. Trabaja desde hace 2 años en NTS, ahora mismo está al frente de algunos proyectos estratégicos de la compañía. Empezó desde abajo, como junior, todavía cursando el postgrado en Business Analytics en ESADE, se ha roto los cuernos, no ha pisado callos, una ascensión modélica y meteórica.

Que en estos momentos le lleva a hacer equilibrios al borde de un ataque de nervios.

Antes siquiera de que Sofía le pregunte, Alex admite que ha cometido una locura y ya no hay vuelta atrás; todo está muy oscuro.

Sofía desdramatiza, quiere saber el grado de la locura que ha cometido, locura en plan delito tributario con paraíso fiscal de por medio o más en plan tatuarse el eccehomo de Borja durante una despedida; es para hacerse una idea.

- Me han contactado por email… Second Warning… Hackers… Tienen mi contraseña… Y unas fotos mías… Y unas putas páginas de adultos… -dice Alex, expresándose a ráfagas, con lags, entre sollozos, los servidores de Google colapsarían para traducir esa amalgama de sonidos inconexos a algo inteligible.

- !¿Quieres calmarte?! -salta Sofía más como orden que como pregunta.

- No puedo.

- Sí puedes.

- No pued…

Botón rojo. Final de llamada. Sofía no ha dejado que siga, le ha colgado.

Ni medio segundo. Nueva llamada entrante de Alex. FaceTime. Sofía acepta. Y se adelanta:

- Que quede claro, no pasa nada por entrar en páginas NSFW, hace tiempo que no pasa nada por ver esas webs, no encierran a nadie por hacerlo, por lo menos en los países libres que no llevan colgada la etiqueta de “censura penetrante”.

Alex le dice que no va de eso, que eso fue solo el principio, y el asunto ha degenerado a…

- …Las contraseñas, -lo suelta, con dolor, en plan “hala, ya lo he dicho”.

- ¿Qué contraseñas? ¿Te han pedido las contraseñas de tus cuentas bancarias? ¿Las de tus tarjetas de crédito? ¿Cuánto te han quitado? -le apremia Sofía.

- Las contraseñas de… -Alex intenta de nuevo llegar al final de la frase.

- Concreta por Dios, ahora mismo no me apetece jugar al Scattergories -exige Sofía.

- …De Tubacex. Las contraseñas de Tubacex -responde Alex, manteniendo la calma con alfileres.

- ¿Cómo?… ¿TubeSex?

- No, no. Tubacex, Tu-Ba-Cex. Tarragona, Úbeda, Barcelona, Alicante… -deletrea Alex.

- Ya. Vale. Para. El grupo industrial para el que trabajamos. Pero qué… ¡¿Qué leches tiene que ver Tubacex en todo esto?! -pregunta Sofía, que no acaba de aterrizar.

¿Páginas porno?… ¿Tubacex?… Es de esas veces que la conexión entre dos temas resulta tan remota que, si existe realmente, solo puede acabar teniendo consecuencias cómicas… o tremendamente dramáticas.

- Esos hijos de puta me han chantajeado para que les dé las contraseñas -reconoce Alex.

- Hasta ahí ya llego, -interviene Sofía-, pero no entiendo lo de Tubacex, lo normal es que te manden un correo pidiéndote un ingreso mareante en bitcoins, a cambio de no compartir con personas de tu agenda imágenes tuyas viendo contenido sensible… ¿Es eso?

El ceño fruncido de Alex dice a gritos que por desgracia así es.

- ¿Te han amenazado con difundir un video grabado desde tu webcam…?

- Sí, pero no para sacarme pasta. Me han exigido las claves del sistema de seguridad de Tubacex.

Sofía, en caliente, empieza a hacerse una idea de a qué escenario se enfrentan. Quienes han hecho algo así conocían el puesto de Alex en la empresa y los proyectos que tiene a su cargo, por eso le han pedido algo infinitamente más valioso que el dinero que ella pueda conseguir, las claves de acceso a las estructuras sensibles de la compañía industrial.

- …Y se las he dado -nuevo bajón de Alex-, entré en pánico, joder.

- Bueno, vale, es lógico. Pero ¿no has hecho nada más? Lo normal es que entren en el sistema, cambien las contraseñas y tomen el control como administradores ¿Has contactado con Tubacex para avisarles? ¿Para qué podrían querer las claves? -le ametralla Sofía.

- No tengo ni idea. La he cagado. Y tengo miedo de liarlo todo aún más. No soy capaz de pensar con claridad -se explica Alex, y continua, como un torrente-, sí, lo sé, cómo me ha podido pasar a mí, cómo le han podido hacer un sextorsion phishing a alguien que trabaja en una empresa del sector TIC, “error de principiante”, “en casa del herrero cuchillo de…”, lo que quieras decirme lo he pensado ya hasta la migraña, llevo sin dormir 40 horas, mi sangre es puro redbull.

Sofía piensa unos instantes. El asunto es muy complicado de resolver. Ésa es la mala noticia. Y ahora un detalle que la convierte en peor: en estos momentos ella se encuentra a 10.000 km de distancia de las oficinas de NTS.

- ¿A 10.000 km? -alucina Alex-, ¡pero qué dices! ¿O sea qué estás en…?

- Tailandia.

Sofía asiente. Le dice que lo que ahora mismo está contemplando una imagen indescriptible, el fondo de pantalla para el resto de sus días.

- Tailandia.

- Sí, Tailandia, Tailandia. Patong Beach Hotel, Phuket. Pulserita. Tumbonas. Albornoces. Toallas con logotipo. Masajes -enumera Sofía.

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Se enamoró de Tailandia cuando fue a comprar una pantalla plana 4k. La imagen que aparecía en una de ellas le cautivó tanto que consultó al encargado de la sección de imagen y sonido; él creía que le iba a preguntar por el precio, y ella quería saber dónde estaba el espectacular paraje que mostraba el televisor, porque no parecía de este mundo.

- En estos momentos nos separan 12 horas de vuelos -remacha Sofía-, mala combinación para ayudarte, desde que desaparecieron los vuelos supersónicos.

- ¡Déjate de chorradas! -exclama Alex liberando toda la tensión contenida-, ¿pero no te ibas mañana de vacaciones?

- No, darling, me iba ayer -le corrige Sofía-, por eso ahora mismo estoy como Tom Hanks en Náufrago, pero por decisión propia, en pleno uso de mis facultades y con la piel hidratada.

- Esto tiene que ser una broma -se lamenta Alex.

- Si te digo lo que me ha costado no te parecería una broma. Cada minuto de ese viaje vale un dineral, vamos, no tengo planeado ni echarme siestas para no desperdiciarlo -aclara Sofía.

- …Me estás troleando -protesta Alex.

Sofía gira su móvil para enseñarle el paisaje que le rodea. Una estampa increíble, no apta para envidiosos, la típica que el Photoshop solo puede empeorar. El pan de cada día para los habitantes de la comarca de Phuket, pero un sueño a los ojos urbanitas de Sofía, acostumbrados a una paleta entre el gris asfalto el gris cemento. Arena de esa que hace que el tiempo se detenga en los relojes de arena. Con unas vistas de no creer del Mar de Burma: un verde coral irreal que no aparece entre los 1114 colores del Pantone.

Alex, por su parte, le enseña cómo los ojos se le quedan en blanco. Después un sonido seco. Y la cámara de su smartphone pasa a mostrar lo que pasaría por un cuadro cubista, una imagen fija del techo, con lámpara y cortina incluida.

O dicho de forma más técnica, síncope vasovagal, desmayo. La ansiedad acumulada suele acabar así.

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Alex ha vuelto en sí, y ha recuperado la videollamada. Sofía intenta reconducir la situación y le dice que no se preocupe, que le echará una mano cuando vuelva.

- ¡¿Cuando vuelvas?! Cuando vuelvas me ayudarás a reunir la fianza, guapa - responde Alex.

- ¡Cómo te pasas! -dice Sofía.

Intenta pensar con la calma de la que a Alex carece. Si el suceso está probado, lo mejor es denunciarlo y aplicarse otra mano de crema bronceadora. Nada se puede hacer contra un asunto así desde un destino turístico al otro lado del planeta.

- Podría avisar a Tubacex y a la Policía. Pero es la última opción: tenemos que resolver este pollo sin que se enteren… Por favor... -le suplica Alex. - Si alguien cambia las contraseñas de Tubacex, esos malnacidos difundirán esas fotos y vídeos. ¡Será lo más embarazoso que me ha pasado en mi vida!

- ¿Tenemos?… Mira, no.

Y pensar que hace un rato el único pensamiento de Sofía era “no quiero ir al cielo, ¿para qué? no puede ser más maravilloso que esto, perdería en la comparación, TripAdvisor le daría menos nota”. Alex, a lo suyo…

- ¿Te acuerdas del lío con el CRM de Mango, cuando unos hackers intentaron desviar una remesa de pedidos online…? -dice Alex, tirando de historial profesional.

- Claro que me acuerdo, te ayude yo a solucionarlo -le recuerda Sofía.

- Por eso mismo, tienes que ayudarme -suplica Alex.

- Que noooo -insiste Sofía.

- Por favor, Poppy -implora Alex a la desesperada.

- Pero es que no puedo. Estoy en una playa, en otro continente, recuperándome de un jet lag espantoso -dice Sofía con todo el énfasis que puede reunir.

Literal. Sofía se muestra fatigada, espesa, falta de reflejos. Y después seguirá un insomnio despiadado por la noche. Además, las consecuencias son peores en los viajes hacia el Este.

- Y, por lo que más quieras, no vuelvas a desmayarte -exige Sofía.

Alex contiene la respiración y hace un mohín hasta que unas gotitas asoman en sus lagrimales.

- Está bien -concede Sofía-, pero solo con una condición.

- La que sea.

- Que no me vuelvas a llamar Poppy. Nunca. En lo que te queda de existencia. ¿Ha quedado claro?

- Claro.

- Sé que me arrepentiré -dice musitando Sofía- pero, venga. A mover el culo. Tienes algún dato de los hackers... ¿Sabes de dónde son? ¿Has rastreado de donde viene ese email de phishing?

Sofía no obtiene respuesta.

- Alex... ¡¿Alex, me oyes?! - insiste.

- Es que todavía no me puedo creer que estés de viaje. En Tailandia.

- “De vacaciones” -subraya Sofía- que se parece, pero es muy distinto a “de viaje”, además te lo dije bien claro, ¿no te acuerdas que me dejaste uno de tus pareos?

Alex reconoce que el marrón en el que está metida ahora mismo le consume toda la actividad cerebral. Y Sofía replica que toda actividad va a ser poca, “¿empezamos a rastrear el email de esos hijos de perra?”

- Es lo primero que hecho. Pero también es lo primero que ellos cuidan, no se van a dejar pillar tan fácilmente, no son chavales haciendo extraescolares -indica Alex.

Sofía cambia de postura en la toalla y trata de concentrarse, quiere evitar pensamientos negativos del tipo de “¿es posible que estando en un escenario digno de un desplegable de National Geographic tenga que resolver un tema laboral, que además no me corresponde?”

- Entonces entra en el CRM de Tubacex y chequea si hay alguna incidencia fuera de lo normal. Si no han cambiado la contraseña y tomado control del sistema es porque querían algo de dentro… Y no dejar nada de rastro. Echarte la culpa a ti, a tu usuario. A tu contraseña.

- Vale me va a llevar algún tiempo.

- Escúchame bien. No. Te. Va. A. Llevar. Algún. Tiempo. Cuelga inmediatamente. Cógete un taxi a la voz de ya y sal pitando a la oficina. Allí lo tendrás todo a mano -le ordena Sofía dejando la diplomacia para otra vida.

Pero la orden sobra. Como si estuvieran conectadas, Alex se ha anticipado y ya va en el asiento de atrás de un taxi, con el portátil abierto. Sus primeras investigaciones detectan algún movimiento reciente, pero nada anormal. Sofía le pide que vuelva al log de conexiones del Salesforce de Tubacex. Que repase nuevos objetos creados en el sistema. ¡Que busque cosas raras!

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Nada fuera de lo normal. Madrileña Red de Gas haciendo una adquisición de material tubular…

Sofía reflexiona, ¿no es normal que le hayan pedido las claves a Alex y los hackers no las hayan cambiado? A lo mejor ha sido un movimiento en falso, o una cortina de humo. Por orden. Lo primero, tranquilidad, y después, por aquello de reconfirmar, recomienda rastrear de nuevo los últimos movimientos en los sistemas de Tubacex.

- ¿Entre los pedidos, hay algún albarán que indique salidas inmediatas? -pregunta Sofía.

Ya en las instalaciones de NTS, muy de madrugada , Alex, a solas con ella misma, opera con frenesí siguiendo las instrucciones de Sofía.

- A ver... Nada. Todo normal. Salidas de producto… Entradas de material… Incidencias… facturas…

Sofía no es que desconfíe de Alex, pero le pide que acerque la cámara del móvil al ordenador.

- ¿Qué? -Alex flipa.

- ¿No me has llamado para que te ayude?, pues déjame echar un vistazo a mí -insiste Sofía.

- ¡Es que la señorita solo va a darme instrucciones! ¿Por qué no vuelves al hotel, localizas un ordenador y me echas una mano en paralelo? -le suelta Alex.

- ¿Al hotel? ¿Y quién te ha dicho que voy a volver al hotel? -responde Sofía.

- Tía, digo yo que no te vas a quedar en esa playa a vivir -supone Alex.

- A vivir no. Pero tengo para unas cuantas horas -explica Sofía.

- ¿Qué? ¡No puede ser! ¡¡De qué me estás hablando!! -exclama Alex, desbordada.

Sofía le está hablando de que un nativo le ha llevado con su lancha a una calita de ensueño a primera hora y le ha dejado en la orilla. Su transfer marino no vendrá a por ella hasta que se ponga el Sol, la referencia horaria que usan allí.

- Es lo que hace interesantes las escapadas, que a veces son un poco irreversibles -dice Sofía entre el cinismo y el lamento.

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De modo que a Alex no le queda otra que convertirse en brazo ejecutor de lo que diga Sofía. Enfoca con el objetivo de su smartphone hacia la pantalla, intentando controlar sus nervios para que la imagen no tiemble. Instantes después…

- ¿Vale?… ¿Ya?… ¿Es suficiente?… -dice Alex, impaciente.

- Sí. Bueno. En principio no veo nada anormal… Un Bingo. Un último pedido de tubos para Madrileña Red de Gas… y poco más -responde Sofía con aire de decepción.

Y piensa en otra vía. La vía de la pasta. De los pagos. NTS ha realizado un proyecto de integración de comunicaciones con sistemas de gestión del Banco Santander, podrían tirar por ahí, por si se ha registrado algún episodio anómalo relacionado con Tubacex…

- ¡Espera! Espera. Un momento. ¿Qué tenemos aquí? ¿Qué es esto? -le interrumpe Alex.

- ¿Qué es qué? -responde Sofía.

- En el tracking del pedido de Madrileña Red de Gas ¿hay un enlace a Iberia? -se pregunta Sofía extrañada.

Pero Madrileña Red de Gas es más de Madrid que los Madroños. Y los tubos viajan por carretera. ¿Iberia Cargo? Primero Tubacex, luego Madrileña Red de Gas, después el Banco Santander, ahora Iberia Cargo… Si continúan coleccionando empresas este embrollo con efecto dominó acabará alcanzando proporciones bíblicas, o sea que se convertirá en un problemón de la hostia.

- Iberia Cargo opera vuelos de mercancías, nacionales e internacionales -apunta Alex.

Eso a Sofía no le huele bien. Para acabar de despejar dudas lo mejor es chequear el itinerario de transporte en el propio sistema de Iberia Cargo, aprovechando que también trabajan para ellos. Alex se pone con la labor...

- Me jode hacerme la lista, pero ¿a que el pedido no va con destino a Madrid? -aventura mientras tanto Sofía.

- ¡Qué cabrones! ¡¡¡Lo de Madrileña de Gas es un señuelo!!! -brama Alex.

- ¿Por dónde irá la carga? -apremia Sofía.

- ¿Dirección de entrega? Eeeeh… Aeropuerto de Estambul.

- La madre que les… -maldice Sofía.

- Y de ahí a... Ahvaz -concluye Alex abatida.

- ¿Ahvaz? ¿Has dicho Ahvaz? Pero ¿dónde coño está eso? -quiere saber Sofía.

Los segundos que Alex utiliza para mirar en Wikipedia se hacen eternos, y cállate que existe Wikipedia.

- Ahvaz, República de Irán -resuelve Alex.

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- ¡¡¿Irán?!! -le corta Sofía.

Su lenguaje no verbal dice mucho: ya no está en su toalla, se ha puesto de pie, y camina por la arena de forma errática, mientras habla por teléfono. Sola, en una playa que bien podría ser la sucursal del Edén, pero que gracias a una videollamada a contrapelo ha pasado a ser en una réplica escala 1/1 del infierno.

- La sanción de las Naciones Unidas a Irán le impide comprar a empresas europeas según que bienes de consumo -dice Alex, rematando sus palabras con un rabioso golpe sobre la mesa.

Llamar a la comisaría de la Ertzaintza ahora mismo para contar esto sería absurdo, un sinsentido, una pérdida de tiempo, como un chiste de mariquitas en 2019, piensa Sofía. El problema es más bien para llamar a Jack Ryan y a la CIA.

- ¿Viene algún detalle más en la orden de compra? -inquiere Sofía.

Alex casi pega la nariz a la pantalla del ordenador para tratar de entender lo que pone, “traduzco sobre la marcha, porque el pedido se ha registrado en inglés: tubos… para el intercambiador de calor… en el circuito de… de refrigeración por agua”.

- Traducido: material para una central nuclear -concluye Sofía, tragando saliva.

- Una central nuclear situada en Irán -remata Alex, desmoronándose. Las sanciones velan especialmente por evitar que Irán adquiera bienes relacionados con las actividades de proliferación nuclear. Y en una planta de enriquecimiento de uranio hay más tubos que en Petronor.

En la vida, pensar que las cosas no pueden ir a peor, es una pérdida de tiempo y de energía, porque tienden a ir a peor, es como una ley de la gravedad, de gravedad de los hechos; y aquí hay un nuevo ejemplo, piensa Sofía. El tema empieza con un soborno sexual por parte de unos malnacidos, y un par de movimientos después el juego ya ha entrado en el mapa de “Central Nuclear en Irán”. Glups.

Ahora el hemisferio del cerebro de Sofía que lleva los temas de geopolítica se pone a trabajar a la máxima intensidad. En algún blog de ciberseguridad leyó que este país había aumentado su actividad de piratería digital contra sectores de la economía (sobre todo energético), mediante correos electrónicos y malware.

Sofía le dice a Alex que va a hacer un par de llamadas. Gente que ha conocido en MICE, el “turismo de eventos” del sector de la seguridad informática, especialistas en conflictos cibernéticos internacionales y analistas de inteligencia, pero, sobre todo, gente que esté despierta a esas horas.

Alex, por su parte, se duele de un pinchazo en el estómago, no sabe si porque su sistema nervioso está todavía bajo los efectos de una crisis de escala Lehman Brothers o por lo que ha sentido como un rodillazo en su autoestima. Ella se sentía a salvo, porque ese tipo de cosas solo le ocurren a la gente normal, a los ignorantes digitales, a los que atónitos parpadean cuando ven el mensaje “¿desea cerrar todas las pestañas?”

Pero es mejor ocuparse de cosas más prácticas. ¿Levantarse a por café?… Mejor no, ya se ha liberado suficiente adrenalina, por su torrente sanguíneo se podría hacer descenso de aguas bravas. Más útil es consultar la diferencia horaria con Sofía. Una mirada rápida en Google y… 5 horas más en Tailandia. El tiempo que queda hasta que amanezca y la gente vuelva al trabajo después de un fin de semana de descanso es crucial.

Sofía vuelve a la carga. Nota de audio para Alex.

“Escucha. Ya he hecho mi ronda de contactos express. Me han dicho algunas obviedades, como que los hackers tienen en su lista habitual de to do’s el engaño a organizaciones o individuos para conseguir informaciones comprometidas y exigirles que revelen datos críticos.”

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Segunda nota de audio para Alex…

“Pero también me han dado algunos datos de contexto que nos ayudarán a saber por qué el epicentro de este terremoto es Irán. Ya sabes que no es una nación famosa por sus pistachos, aunque hay muchos momentos de la historia reciente en que se podrían haber hecho huevos y bacón a la plancha sobre su mapa. Pues para empeorarlo, ahora mismo, es el país de Oriente Medio que está en medio del punto de mira de Donald Trump, es la fijación del hombre de la laca.”

A eso es a lo que se enfrentan ellas dos: hackers sin fronteras -dicho con ironía, claro- de la República Islámica de Irán que han diseñado un sofisticado plan que empieza con un email trampa y acaba en el desvío de un pedido de tubos para una de sus centrales nucleares en construcción, evitando bloqueos y eludiendo el embargo comercial levantado contra ellos. La mecha está encendida. Y ellas todavía no saben dónde está el extintor, ni siquiera si existe.

Sofía de bajón. En caída libre. Y con el paracaídas atascado.

- Eh, eh, ¿qué haces? ¡¿Qué se supone que estás haciendo?! ¿Ahora te vas a venir abajo? Solo tienes que cancelar el pedido, te costará un poco, sí, igual te salpica y tienes que dar explicaciones, pero no queda otra -le anima Sofía.

- Precisamente. Si es solo eso lo que tengo que hacer. Es que no hay nada que hacer -responde Alex.

- Nooo. ¿Pero tan fuertes son esas fotos tuyas? Dime que no… -se alarma Sofía.

- No es eso Sofía. El encargo de tubos ya se ha expedido y estará impreso en la mesa de algún transportista -contesta sin energías Alex.

Silencio. Solo se escuchan los ventiladores de las CPU’s. Alex cierra los ojos, pasa sus manos por la cara y coge aire por la nariz. Se dispone a apagar los equipos.

- ¿Alex? ¿Sigues ahí?… -pregunta Sofía, inquieta; no recibe respuesta.

- Gracias Sofía, con esto ya es suficiente demostración de amor -dice Alex, escasa de energías.

- Oye mira. No hay tiempo para escenitas. De hecho, no hay tiempo para nada -dice Sofía, intentando transmitir ánimos.

No sabe por qué, pero Sofía intuía que iba a suceder algo que interrumpiera su tranquilidad. Un minuto de auto psicoanálisis. Esa sensación siempre le ha acompañado, seguramente producto de su educación en colegio religioso, es como si el abandono al placer tuviera algo de malo, y siempre conllevara un peaje. Vuelve a la carga.

- Tiene gracia, Alex, después de que me arruinas mis vacaciones en el paraíso -le reprende Sofía- ¿ahora vas a abandonar? Ni de coña. No te lo voy a permitir. Vas a seguir, aunque tengas que ir y cruzarte delante del camión que lleva los tubos.

- ¿El camión? Pero si estará ya en el aeropuerto de Foronda -replica Alex.

Sofía recibe la noticia con una convulsión: “¡¿qué estás diciendo?!”, notando cómo el sol y una humedad adhesiva empiezan a afectarle, a pesar de ser temprano, y se empieza a poner en modo “reza a todos los dioses que conozcas”.

- Lo que oyes. Acabo de rastrear un aviso de mantenimiento en ruta, aprovechando que Tubacex usa unidades de transporte pesado Mercedes Benz Trucks, para los que también trabajamos -le comunica Alex.

Después de todo tiene sentido, ¿quién les dice a ellas que los hackers no estarán chantajeando a otras empresas y operadores para facilitar la operación? Son piratas informáticos, es su trabajo y lo tienen muy planificado.

- Y qué vamos a hacer -se pregunta Alex angustiada.

- De momento vamos a pasar a llamada de audio, que la videoconferencia consume una barbaridad de… -propone Sofía.

- Joder con la tacaña -replica Alex.

- De tacaña nada -salta Sofía-, hay mucho trabajo por delante, y me queda un…

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- ¡¡¿Un 6% de batería?!! -reacciona Alex.

Sofía consulta la pantalla de su móvil.

- No, miento, un 4 -concreta Sofía, mientras piensa en que, a veces, el destino también se luce con los juegos de palabras: se ha marchado de vacaciones para cargar las pilas y desconectar, y ahora vive pendiente de la batería y siente que nunca en su vida necesitó estar más conectada.

Alex está a punto de reprocharle que no cargara su smartphone por la noche, pero se lo quita de la cabeza, echarle en cara eso a Sofía sería como decirle a alguien que te está haciendo el boca a boca "¿no has pensado en usar enjuague?"

- Que conste que he estado a punto de dejarlo en el hotel; entonces tendrías que salir tú solita de este agujero -matiza Sofía.

Y no exagera. Sofía se lo ha pensado. Ha pensado no meter el smartphone en la bolsa de playa, para sentirse completamente libre. Es un poco como hacer naturismo, en este caso naturismo “tecnológico”. Pero, como con el nudismo textil, no se ha atrevido: para ella estar desconectada es estar en pelota, indefensa y maniatada. Y, ¡qué narices!, también te puedes relajar subiendo alguna story de vez en cuando.

- Pero tienes un powerbank, te lo regalé yo -le recuerda Alex, pensando en una última y remota posibilidad.

- Ah, tienes razón, de cien personas a las que les preguntes qué se llevarían a una isla desierta, ¿cuántas crees que dirían un powerbank? Vamos, ni aunque inventaran una versión micro para llevar de piercing en el ombligo -argumenta Sofía, bien cargadita de ironía.

La escena se las trae. En pantalla partida. Alex abandona su puesto delante de las pantallas de ordenador. Anímicamente está exhausta. Camina por las oficinas de NTS como un figurante de The Walking Dead. En paralelo, Sofía, pensando en cómo exprimir hasta el último ion de litio de su batería: bajar el brillo de la pantalla, cerrar apps innecesarias, desconectar bluetooth, GPS… Pero con la sensación de que nada de lo que haga le va a servir; es como comprobar el estado de las cuerdas elásticas antes de hacer puenting, sabiendo que son más largas que la distancia al suelo.

- ¡Está todo perdido! Tú en una playa, sola, con un móvil que se consume. Un cargamento de tubos con destino a una central nuclear en Irán. Y a mí ya no se me ocurre por dónde tirar -se desespera Alex.

- Para -le pide Sofía.

- La cabeza ya no me da más de sí -concluye Alex-, la he cagado y tengo que pagarlo. Punto.

- ¡Basta! -exclama Sofía, lamentando no estar ahí para darle un sopapo.

- Me importa una mierda que compartan imágenes mías. Los que me dan pena son mis compañeros, si todo esto arrastra a la empresa -dice Alex, desconsolada.

- ¡¡Quieres callarte de una puta vez, Alejandra!! -acaba gritando Sofía.

Alex detiene su retahíla al instante. Poppy, Alejandra… Está claro que las dos tienen el talón de Aquiles en sus nombres.

- ¿Esto de qué va? ¿De que tú tiras la toalla y yo extiendo bien la mía? ¿Es eso lo que quieres? -retoma Sofía.

Alex no responde, se ha vaciado.

- Acuérdate de lo que decía mamá, “el éxito en la vida no es vencer siempre, sino no rendirse nunca” -rememora Sofía, con intención.

Alex está aturdida…

- Perdona. Perdóname Sofía. No tenía que haberte llamado -se disculpa Alex, en plena catarsis-, sabes que siempre me ha gustado arreglármelas sola.

Así es. El ejemplo más claro lo encontramos en NTS. Alex no quería deber nada a su hermana. Quedaron en que si entraba en la empresa sería sin su ayuda. Sin que conocieran su vínculo, para que nadie se lo pusiera fácil. Solo dos o tres personas en NTS conocen su relación. Incluso Fer se ofreció para hackear el registro en la seguridad social y cambiar mi identificación para el contrato.

- Sí, es muy fácil decirlo, que no me rinda. ¿Y? ¿Qué hago? ¿Dijo mamá qué hacer cuando estás en un pozo? -reflexiona Alex, deshecha.

Un pozo y muy profundo, con forma de laberinto, y arenas movedizas en el fondo. Ése es el update de la situación.

- ¿Cómo? -pregunta Sofía, alerta.

- Que si nos dijo mamá… -repite Alex.

- No, no, lo de Fer -dice Sofía muy excitada, como si hubiera visto un espíritu.

- Ya sabes, quiso hackear… -responde Alex.

- Nada, déjalo -Sofía explota, tajante.

- ¿Que lo deje?

- Sí. Abandonamos -insiste Sofía-, nos olvidamos de todo este tema del hackeo. Vete a casa, duerme un poco, date una ducha y limpia de tu mente todo lo que ha pasado.

- ¿Pero qué mosca te ha picado? -protesta Alex-, se va a preparar una de cojones, saldremos en todos los medios, será mi fin, nuestro fin profesional y personal.

- ¿Es que no me has oído? ¡Déjalo todo! ¡¡No hagas nada más!! -dice Sofía con convencimiento.

- Pero… Entonces… -balbucea Alex.

Sofía no llega a contestar. La comunicación se ha cortado. Alex trata de recuperarla, pero el móvil de su hermana mayor está apagado o desconectado. Definitivamente se le ha acabado la batería.

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Un buffet de cena en el que Sofía no sabe por dónde empezar, con una superficie suficiente como para poder pedir la autodeterminación. Ha regresado al hotel y ahora su única preocupación es coger la mesa con las mejores vistas.

Pero alguien se le acerca por la espalda. Le toca el hombro. “¿Sofía Vidal?” Es un hombre en traje que habla en inglés y lleva una chapita rectangular en la solapa. Sofía se gira.

- Do we know each other? -responde preguntando Sofía.

- LinkedIn -explica el hombre.

- Ahhh -emite Sofía como única respuesta, un monosílabo es la mejor arma cuando no sabes por dónde te van a salir.

- You work for NTS, and I use the app your company designed on a daily basis, madamme. Iberostar Intrastay -aventura el señor del traje.

Sofía asiente. Pero casi de forma imperceptible, por si acaso, mostrar más cercanía puede ser letal.

- Sabe. Hemos tenido un problema en la Concierge App del hotel -dice el responsable-, y me gustaría que nos ayudara.

Sofía busca un pretexto convincente de emergencia. Y le llega en forma de mensaje al móvil.

- ¿Me disculpa? -se excusa Sofía.

WhatsApp de Alex: “Ola k ase”.

Sofía no quiere más cargas de trabajo en vacaciones, y le manda un mensaje a su hermana pidiéndole que le llame. Suena el móvil.

- Just a moment -le dice Sofía al señor del hotel, mientras escurre el bulto con un plato a tope de monederos de marisco, gambas torpedo y langostinos en hilo de patata. Contesta a su hermana.

- ERES UNA... TENÍAS RAZÓN. NO HA PASADO NADA. TE QUIERO -le suelta una Alex eufórica, a capón.

- De pronto, tuve la sensación de que todo era una gran pantomima -confiesa Sofía, eludiendo también el saludo.

Continúa diciendo que sentía que eran como personajes de un videojuego endiablado, todo lo que sucedía de pantalla en pantalla. El itinerario por donde la bola de nieve se iba haciendo más y más grande siempre pasaba por empresas y proyectos de NTS.

- Ha estado falseando todos los registros y datos a los que íbamos teniendo acceso. Nos ha monitorizado. Ha jugado al pinball con nuestras cabezas -remata Sofía.

- Pero, ¿quién? ¿Quién está detrás de todo esto? ¿Conoces a esos hackers? -pregunta Alex intrigada.

- Alguien con capacidad, con experiencia, y con una gran mente retorcida. El que todos conocíais como Fer. El mismo que a mí me decía que le llamara Nando -vomita con rabia Sofía.

- ¿Cómooo? ¿Por qué?

- Porque está obsesionado conmigo -aclara Sofía-, porque sabe que somos hermanas y porque tiene celos de ti. Un cóctel ideal para convertirse en cóctel molotov.

Sofía profundiza en su argumentación mientras da un sorbo a su zumo de granada, todavía sin alcohol, y mira en los espejos del ostentoso comedor por si se le acerca el hombre del traje.

“A mí ya me utilizó una vez, sin conseguir su objetivo. Y ahora quería volver a hacerme daño, pero no viniendo de frente, sino a través de mi hermana. Es retorcido, sabía que si te atacaba a ti sería como meterse conmigo, que yo lo convertiría en algo personal, sabía que te protegería. Sabe que eres mi debilidad.”

- Pero se le ha olvidado algo, a mí las debilidades me hacen fuerte -sentencia Sofía.

- De verdad que no me lo acabo de creer. Entonces… ¿Todo lo que ha pasado… no ha pasado? -intenta comprender Alex.

- Nos ha querido hacer daño Alex. Todo ha sido un gran fake para buscarnos las cosquillas -concluye Sofía.

- Una broma que nos podía haber provocado una embolia. -le reconoce Alex.

- O algo peor. ¿Te imaginas si llegamos a dar parte a la Policía, o avisamos a nuestra empresa? Quería acabar con nuestra dignidad. Con nuestro prestigio. Y con nuestro trabajo. -apunta Sofía.

Silencio en el que las dos intentan no imaginárselo.

- Por cierto, ha llegado a mi mail un localizador para un vuelo de Thai Airways. Tú no has tenido que ver, ¿a que no? -dice con sorna Alex.

- Ehhh, -Sofía carraspea y…- digamos que cuando te lanzas siguiendo una corazonada es mejor hacerlo con un plan B. Y ese plan B era que las dos nos exiliáramos en Bangkok.

Alex suelta una risotada liberadora.

- Venga, pues ya que estamos, confidencia por confidencia -anuncia Alex.

Admite que no se fio del todo, cuando Sofía le dijo “no hagas nada”. Alex recordó que los camiones que utiliza Tubacex montan cámaras que sustituyen a los retrovisores -mirror cams-, con conexión a una central de alarmas de Securitas Direct. Y se las arregló para acceder a ellas, comprobando que los camiones no se habían movido de su base en el Puerto de Bilbao.

- De todas formas. Gracias por todo y de corazón, Poppy -se despide Alex.